jueves, 18 de mayo de 2017

La (no siempre) fragilidad del ser

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Cada época vivió su particular apocalipsis mitómano, supongo. La gente envejece y los artistas, aunque no nos guste y egoístamente los queramos vivos para siempre, también. Seguro que mucha gente lamentó la partida de los músicos más influyentes del barroco, o la desaparición de miembros de las múltiples generaciones literarias. Cuando alguien aporta tanto, lamentamos su pérdida como nuestra, como una parte de nosotros. Tampoco es cuestión de exagerar y flagelarse o ir llorando por las esquinas como si se hubiera muerto tu mejor amigo o un familiar cercano. No es tanto la estima por la persona sino la huella que deja por lo que ha representado en un momento de nuestras vidas. Personalmente me ocurrió con Ronnie James Dio (cuya muerte lloré con lágrimas reales) o Gary Moore. Ahora le ha tocado a Chris Cornell. El primero de los anteriores, aunque no anciano, ya tenía una edad en la que la muerte podía sobrevenir por problemas de salud. En cuanto al segundo, una vida de excesos en el pasado volvió para vengarse a sus 59 años, muy joven aún. El señor Cornell contaba con unos escasos 52 y, francamente, ni siquiera quiero saber la causa de la muerte. Hablar de este músico es hablar del germen de toda una generación. No me gusta el término grunge para su banda y tampoco para Pearl Jam o Alice in Chains. Son mucho más que eso. Las influencias en cada uno de ellos demuestra una profundidad más allá de una etiqueta. En el caso de Soundgarden se podía percibir una clara adoración por los setenta y los inicios de un rock endurecido que exploraba sus propios límites. Contribuyó, de una manera u otra y no solo con su propia banda, a abonar el terreno del movimiento para el resto de sus representantes. Se podría decir que fue uno de los coordinadores, sin saberlo, de la construcción de una red cultural, social y por supuesto musical que a día de hoy sigue siendo referente para músicos de todas las edades. Es por eso que su muerte significa mucho más que el adiós a una persona. Un trocito de la cultura popular se ha ido con él y nos quedaremos sin saber qué más podría haber regalado al mundo. Por suerte ahí está su discografía en solitario, con Soundgarden, Temple of the dog y Audioslave. También bastante material en video y como consejo final ese estandarte, ese concentrado noventero que es la película Singles, de Cameron Crowe. Aparte del suyo, hay cameos de Eddie Vedder, Stone Gossard, Jeff Ament, Layne Staley o Tad Doyle, por citar algunos ejemplos.

Texto de A. Moreno 
Imagen extraída de YouTube

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